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Cuando tu personaje deja de ser solo palabras. EJERCICIO

Y se convierte en un gran personaje, de esos que no olvidamos y que hasta terminamos amando u odiando. Esos son personajes literarios creíbles. 

Ese momento en que tu personaje empieza a ver el mundo con sus propios ojos y tiene una personalidad tan peculiar, incluso mejor de lo que imaginaste.

 

Eso llega cuando entiendes cómo caracterizarlo desde la narración, el diálogo, la descripción y las pequeñas acotaciones que lo acompañan.

 

Hoy quiero hablarte de eso: de cómo hacer que tus personajes respiren dentro del texto.

Y al final te dejaré un ejercicio creativo para que lo pongas en práctica. 

 

¿Qué hace que un personaje se sienta vivo?

Que el lector olvide que está leyendo. Siente que lo conoce, que podría reconocer su voz entre la multitud. Eso sucede porque el escritor ha trabajado con detalle su voz, pensamiento y presencia en la historia.

 

Un personaje extraordinario tiene estos elementos:

1. El diálogo: cuando el personaje habla, se revela

La forma en que un personaje se expresa muestra su origen, su temperamento y hasta su estado emocional.
No es lo mismo decir “Estoy bien” que “Bah, no te preocupes, todo sigue igual”.
Ambas comunican lo mismo, pero el tono cambia todo.

Ejemplo:

“—Llamo para decirle que lo amo —dijo ella—.
No es gran cosa, pero lo amo.”
(Fragmento de Rayuela, Julio Cortázar)

Ese “no es gran cosa” nos dice más del personaje que cualquier descripción larga.

2. La narración: lo que el personaje observa y cómo lo interpreta

El modo en que narra también es una ventana a su mundo interior. Un mismo hecho puede contarse desde la nostalgia, la ironía o el miedo. Ahí se define su mirada del mundo.

 Ejemplo:

“Era un hombre alto, flaco, y tan mal vestido que parecía un milagro que no se le cayesen los pantalones.”
(Fragmento de Los detectives salvajes, Roberto Bolaño)

La descripción viene cargada de opinión: es el narrador quien nos dice cómo mirar al personaje.

 

3. La descripción: menos es más

Las buenas descripciones no enumeran detalles, los insinúan. Con un solo rasgo, podemos recordar a un personaje para siempre.

Ejemplo:

“Tenía la sonrisa de quien ha aprendido a fingir que todo está bien.”
(Anónimo, fragmento literario contemporáneo)

No se describe el rostro, sino lo que transmite.
Ahí está la clave: describir lo esencial, no lo visible.

4. Las acotaciones: el cuerpo también habla

Un personaje puede no decir nada, pero su gesto, su silencio o una acción mínima puede contarlo todo.

Ejemplo:

“Gregor intentó responder, pero lo único que salió fue un débil chirrido.”
(Fragmento de La metamorfosis, Franz Kafka)

Ahí comprendemos su desconcierto y su dolor sin necesidad de explicarlo.

Un personaje extraordinario no se lee, se vive

Cada palabra, silencio y gesto puede construir a tu personaje. No se trata de escribir sobre él, sino de dejarlo existir. Cuando logras eso, el lector no lee una historia: la vive.

Ejercicio: “Una ventana, tres voces”

Te propongo un reto para poner esto en práctica:

  1. Observa esta imagen
    Imagina que detrás de una de esas ventanas vive alguien. 

¿Quién es?

¿Qué siente cuando mira hacia afuera?

¿Qué ocurre tras puertas cerradas?

  1. Elige tres personajes de la ventana 
  2. Usa esta frase común para todos:

“A las ocho en punto, se encendió la luz de la ventana del X piso. (puedes cambiar el número del piso según el personaje que elijas).

  1. Escribe tres breves escenas
    Cada escena debe reflejar una voz distinta: el tono, el pensamiento o el modo de hablar del personaje. Intenta agregar una acotación o acción que acompañe su voz. Puede ser un gesto, una pausa o una acción que revele más de su personalidad.
  1. Primero escribirás una historia usando esa frase con uno de los personajes de la ventana.
  2. Luego harás lo mismo con otro personaje y después con otro más.
  3. Y si la creatividad te arroja una historia de vidas entrelazadas, aún mejor. 

La idea aquí es:

  • Explorar con diferentes personajes para ensayar su caracterización.
  • Explorar desde diferentes voces narrativas, te puedes valer de omnisciente, protagonista o testigo.
  • Valerte de la narración, descripciones y diálogos para introducir datos importantes que nos dejen saber conocer a tus personajes.

 

Mi consejo

Atrévete a experimentar incluso con voces que no son las que sueles escribir. Ejemplo probar con un personaje de un sexo diferente al tuyo, con un animal o con una voz infantil. Salir de tu zona de confort y experimentar.

Si estás leyendo esto desde Substack, puedes dejarme en comentarios cuál de los tres personajes te salió más natural.


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Nos leemos pronto,
Katherine Ramos

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